Van a olvidar dónde dejaron las llaves, el nombre de sus nietos, cómo abrochar una camisa, cómo conciliar el sueño o la dirección de su casa. Van a olvidarlo todo –  menos a sonreír, a sentir-. Son las personas con alzhéimer, con quienes y para quienes Afal Contigo lleva casi 30 años trabajando.

Al hablar de la alzhéimer hablamos de dos personas. De un lado las que olvidan; las personas enfermas, que se dejan cuidar, guiar, que necesitan de la comprensión y el cariño de los suyos. Del otro, quienes no los olvidarán nunca. Son los hijos, esposas, amigos, cuidadores o personas voluntarias que conviven con las personas con alzhéimer.

Enfermos y familiares afrontan un camino amargo. Sumar vivencias es ir conformando nuestra esencia y personalidad, porque somos la suma de las cosas que hemos vivido, los recuerdos que vamos acumulando en ese caminar. Y eso se borrará a cada paso. Pero afortunadamente, también hay un legado dulce.  Porque vamos dejando esos trozos de nosotros mismos en los demás. Y ese vivir en otros es la esperanza de las personas enfermas de alzhéimer, lo que las hará  invencibles al olvido.

En Afal las y los voluntarios se han convertido en parte del baúl de los recuerdos que nos dejan las personas que queremos. Son sus cofres llenos de y de cariño, de ternura, de desánimo, de esperanza, de inquietud, de paz.

 

El Baúl de los recuerdos

Desde FEVOCAM hemos tenido la oportunidad  de abrir esos baúles para conocer de cerca a muchas de esas de esas personas, verdaderos cofres de recueros, sí, pero sobre todo de humanidad, de humildad, de solidaridad, de amor en su más amplio sentido. Son voluntarios y voluntarias de quienes hemos rescatado vivencias del baúl. Por eso nos acercamos a AFALcontigo.

 

Sentir

Floro sonríe a Violeta. Floro sonríe a Lourdes. Floro sonríe porque aunque ha empezado a  olvidar algunas cosas, no ha dejado de sentir cariño por quienes le corresponden igual. Violeta es la mujer de su vida por quien, en sus momentos de lucidez, confiesa que siente amor. Lourdes, una joven voluntaria que pasas tardes junto a ellos, para que Violeta pueda ir a hacer sus recados y para que Floro salga a pasear y encuentre siempre el camino de regreso a casa.

Lourdes nos cuenta que al principio sintió pudor por meterse en la intimidad de este matrimonio. Pero que se sentimiento se transformó rápidamente en confianza al ver cómo le abrieron las puertas de su casa. Algunas tardes va a casa de Violeta y Floro, y lo hace por los dos. Con Floro lee, hace juegos o sale a pasear. Y a Violeta le da un respiro, tiempo libre para ella. Y a pesar de que su labor como voluntaria tiene la finalidad de ayudar al matrimonio, nos dice con los ojos humedecidos y la voz entrecortada que es ella quien más se lleva.

Violeta siente alegría cuándo abre la puerta y ve entrara a Lourdes. Habla de paz y calma. Y de lo contento que también su marido se pone cuando la ve. Y también al hablar de la enfermedad de su esposo nos dice que tiene sentimientos encontrados porque, por un lado ve que él es feliz, aunque no es consciente, pero por otro lado la comunicación se hace menos fácil. Y con respecto a Lourdes, al final de todo, la va a echar de menos, y ella sí que la recordará siempre.

Esta, como tantas historias de voluntarios y voluntarias que hacen acompañamiento en domicilios, es una historia de ayuda, compromiso, pero sobre todo de sentimientos. Sentimientos  de ternura, de alivio, y sentimientos de inquietud o de tristeza. Lo que recibes y lo que das son emociones que se retroalimentan. Las personas voluntarias dan su ánimo a las familias, su cuidado, pero reciben la satisfacción personal, una lección de vida.

 

Para no perder nada

Ignacio es un joven voluntario que se ha ofrecido a ayudar en lo que haga falta. Y hacen falta manos, y un poco de orden. Por eso se encargar de llevar toda la biblioteca y base documental de la entidad. Para así, no olvidar nada más.

 

Ser ejemplo, empatizar, cuidar del cuidador

Otra forma en la que las personas voluntarias a ayudan a las familias es sirviéndoles de ejemplo. Es el caso de las personas que han vivido en primera persona lo que es tener a un familiar enfermo de alzhéimer. Por eso conocen perfectamente cuáles son las fases y cómo sobre llevar los altibajos emocionales que provoca la enfermedad del olvido.  Ellos son quienes mejor  pueden, desde la empatía,  aconsejar a otros familiares que viven lo mismo, y servirles de consuelo porque son un espejo en que mirarse.

Además, los familiares de las personas enfermas de alzhéimer coinciden en que cuando tienes que atenderles lo primero es aprender a organizarte de otra manera. Es decir, reorganizas tu vida para hacerle un hueco a la enfermedad sin que te robe todo el espacio. Y en este sentido viene muy bien al apoyo de voluntarios como  xxxx que sabe lo que reorganizarse porque su mujer tuvo la enfermedad hace ya algunos años.

 

Devolver lo que han recibido, agradecer

Es el caso de Miguel, que devuelve con su tiempo y su entusiasmo la lección de vida que le dieron las dos personas voluntarias que le ayudaron a cuidar a su madre enferma hasta el final de sus días, cuando el centro de Día ya no era un lugar para una persona enferma de alzhéimer, cuando su trabajo no le permitía sacar más horas, cuando lo necesitaba más ayuda.

Y allí tuvieron Justino y Ángeles. Miguel se emociona cuando dice que  tiempo después ha tratado de buscarlos para volver a darles las gracias.

Por eso ahora es socio, vicepresidente y voluntario y ayuda en labores administrativas de Afal. “Esta es mi manera de Devolver lo que hicieron por mi madre”.

 

El aprendizaje laboral al servicio de la solidaridad

Sara es una joven cuyo perfil es el de la voluntaria profesional. Ella colabora  en el servicio de estimulación cognitiva de las personas enfermas; para ello se ofrecen talleres de refuerzo del lenguaje, memoria o psicomotricidad. Su vinculación es tanto laboral, como personal, ya que la terapia cognitiva le permite poner en práctica lo aprendido en la universidad, pero a la vez se siente muy unida a las personas mayores por la cercanía que ha tenido con sus abuelos.

Es una inyección de alegría ver los logros, por pequeños que sean, que se consigue con las terapias, eso dice, hace olvidar el deterioro que sufren.  Y lo sorprendente es ver que personas por las que te preocupas, se preocupan por ti, “somos una pequeña familia”.

 

Practicar  la corresponsabilidad

Muchas son también las personas que deciden colaborar como voluntarias para ayudar a la Asociación a ayudar a más personas. Es el caso de voluntarias como Berta, Azucena, Ángeles o Mari carmen, que participan en las actividades de sensibilización e información y acompañando a las familias.

Todas con diferentes motivaciones – acompañar a una amiga, buscar una nueva ocupación tras la jubilación o ayudar con su experiencia – pero con un mismo objetivo: ser corresponsables con las necesidades sociales.

 

Ser la puerta de entrada a la entidad

“Quería devolver de alguna manera lo bueno que he recibido en la vida”, así nos dice Berta que comenzó su labor en Afal. Ahora colabora en la recepción de la entidad. Esta, como las labores administrativas, son esas tareas cotidianas que hacen falta para que el engranaje de la solidada funcione. La primera sonrisa que te recibe en una Asociación debe ser la puerta al compromiso.

Eso lo sabe también Maribel, una voluntaria que se encarga de acoger a las nuevas personas voluntarias. A ella le sorprende gratamente, y le emociona, que la gente llegue ya tan sensibilizada con la enfermedad. El alzhéimer es una enfermedad muy demandante, que se cobra un alto precio emocional, que desorienta tanto a enfermos a como a familiares. Por eso, dice, es “muy emotivo que todas las generaciones tomen conciencia de la enfermedad, de la ayuda que se necesita y de que tenemos que estar todos a una”.

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